LOS QUINCE JUEVES DE SANTA RITA
LOS QUINCE JUEVES DE SANTA RITA
LOS QUINCE JUEVES DE SANTA RITA DE CASIA
PRIMER JUEVES – NACIMIENTO DE SANTA RITA EN EL 1381.
Entre las montañas de la verde Umbría, escondida y humilde, hace Rocca Porena: en ella vivían Antonio y Amada, cónyuges de espíritu verdaderamente cristiano, con un corazón encendido de amor divino. Pasaron los años sin que la sonrisa de un niño hubiese llegado a alegrar las suaves efusiones de su afecto. Oraciones confiadas eran elevadas al trono de Dios, mas parecía que Dios las había escuchado solo para los gozos de la eternidad.
El hijo invocado parece fue en vano: ahora Antonio y Amada se habían resignado al pensamiento que el cielo quería de ellos el sacrificio del ferviente deseo. Pero el Señor suscita y consuela luego precisamente que las esperanzaa humanas fueron enterradas y destruidas; y a edad tardía los afortunados cónyuges tuvieron la certeza y el consuelo de tener una hija. Nacía Rita, don electo del cielo sobreabundante y feliz recompensa de las oraciones y buenas obras de sus padres.
Virtud: espíritu de oración. Una gran enseñanza nos da, oh cristiano, este pasaje. Confía tus esperanzas, tus alegrías, y tus dolores a la oración; ¡Dios las escuchará en el tiempo oportuno!
Obsequio. Haz, alma devota, tus oraciones con devoción, confianza, humildad y perseverancia. Interpón para este fin la mediación de Santa Rita, y recita durante el ejercicio de los 15 jueves, la súplica de la Santa.
Jaculatoria. Sea el espíritu de la oración, fiel compañero de toda mi acción.
SÚPLICA A SANTA RITA, QUE SE REZA EL 22 DE MAYO, DÍA DE SU FIESTA, AL MEDIO DÍA, O DESPUÉS DE LAS MEDITACIONES DE LOS QUINCE JUEVES Y EN CUALQUIER OTRO DÍA QUE SE DESEE
Oh sublime taumaturga del mundo católico, oh gloriosa Santa Rita de Cascia, qué hermosa oración te sube de nuestro corazón en este día, dedicado por la Iglesia a tu gozosa celebración.
En esta hora solemne, en la que miles y miles de corazones se vuelven hacia ti confiados y llenos de santa esperanza, también yo me uno a mi humilde oración, para que la presentes al Sacratísimo Corazón de Jesús, y a su Madre Inmaculada María, e imploradme las gracias, que tanto necesito.
Oh gran Santa de Cascia, ¿será alguna vez posible que mi confianza en tu patrocinio sea defraudada? ¿Y no eres tú aquella a quien los pueblos llaman la Santa de lo imposible, la Abogada en los casos desesperados? ¡Y me encuentro en condiciones tan infelices a causa de mis faltas! ¿Quieres apartar tu mirada de mí? ¿Se cerrará tu corazón solo para mí? ¿Solo yo no tendré que experimentar Tu poderosa intercesión?
Sé que soy indigno de ello por mis graves pecados. Pues aquí se verá tu caridad celestial, alcanzándome tu gran amor la salvación de mi alma. Esta es la gracia que principalmente pido a Dios, Tu misericordia, en este día consagrado a Tu Navidad en el Paraíso; y con esto las otras gracias necesarias a mi estado.
Oh buena Santa Rita, cumple mis votos, escucha mis gemidos, seca mis lágrimas y yo también proclamaré al mundo: Quien quiera gracia, pídala a Dios por medio de su fiel sierva Santa Rita de Cascia y seguramente se la concederá.
En este día de gloria, en el que se despierta cada vez más viva la confianza común en vuestro patrocinio, os ruego que obtengáis de Dios la bendición, que os imploro sobre mí, sobre el Vicario de Jesucristo, sobre el Episcopado y el Sacerdocio Católicos, sobre vuestros hermanos y hermanas religiosos, que formáis la descendencia escogida del gran San Agustín, sobre los bienhechores de vuestro santuario, sobre los fieles que os invocan en esta Iglesia, sobre los enfermos, los pobres, los desamparados, sobre los pecadores, sobre todos y sobre las almas santas del Purgatorio.
Oh amabilísima esposa de Jesús Crucificado, de quien tuviste como regalo una de las espinas de su santísima corona, en este día de tu triunfo, ayúdame, y tu protección me acompaña hasta el punto de mi muerte. Amén.
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias.
SEGUNDO JUEVES – INFANCIA Y JUVENTUD DE SANTA RITA.
Ni bien fue regenerada nuestra Santa en las sacramentes aguas del Bautismo, comenzaron a manifestarse en ella los dones celestiales, argumento cierto de la santidad de aquella alma, que desde la más tierna edad no se muestra solícita de otra cosa que del Cielo, de servir a Dios. ¡Qué ejemplo para ti, oh alma cristiana!
De aquí el cuidado constante e incansable, que crecía de día en día y daba frutos más abundantes en la práctica de las virtudes cristianas, en buscar solo lo que la pudiese unir más estrechamente a Dios, despreciando por ello todo placer, toda alegría que no viniese del Cielo o que impidiese correr por la vía de la perfección.
Entre las virtudes que adornan particularmente su infancia y juventud están la obediencia asus padres, y el desprecio de la vanidad y del lujo, para amar así más de cerca a Jesús Crucificado y en persona de Él a sus pobres.
Virtud: prontitud en el servicio de Dios. También a ti la voz del Señor repite incesante: «Ven a mí, dilecta mía, ven y serás enriquecida con muchos bienes, serás coronada de la gloria verdadera y no caduca». Pero ¡ay!, ¡cuántas veces no es escuchada la voz de Dios!
Obsequio. Ocúpate, alma devota, en conocer tu pasión predominante, que te contrasta el pronto y fiel servicio del Señor, y con la ayuda de Santa Rita, destrúyela con actos contrarios.
Jaculatoria. De mi vivir en todas las horas, quiero servir al buen Señor.
TERCER JUEVES – MATRIMONIO DE SANTA RITA.
Deseosa de segregarse del mundo cuanto le fuese posible, con el consentimiento de los padres, se eligió una recámara de la casa, donde pasaba la mayor parte del día. Allí dirigía su corazón en la oración y meditación de las verdades eternas. Pero sobre todo se aplicaba a meditar sobre la Pasión de Cristo, hacia la cual se sentía atraída de un irresistible deseo de imitarlo.
Creciendo en los años, crecía Rita en las virtudes y el deseo de unirse a Dios. Renunciando a la alegría de formar una familia, anhelaba solo el estado de virginidad, donde libre de los lazos del mundo y de la carne, pudiese solo pensar y antender las cosas divinas, para ser santa en cuerpo y en espíritu.
Mas la voluntad de los padres le había preparado y elegido un esposo y nuestra Santa, después de largas oraciones ofreció al Señor el sacrificio de suo piadoso deseo y aceptó al marido que fue querido por los padres, obediente y sumisa hasta el punto de destruir su querer aunque noble y elevado.
Según la opinión más probable, su matrimonio fue a los 18 años, en el año 1399. Su marido se llamaba Fernando, del cual tuvo dos hijos: Santiago el primero, y Pablo María el segundo.
Virtud: obediencia. Oh alma cristiana, admira la heroica obediencia de nuestra santa y procura bien imprimir en tu corazón el propósito de permanecer unida a Dios, sometiendo tus deseos a la voluntad de aquellos que por Dios te han sido prepuestos. Toda autoridad es del Señor, por tanto quien resiste a las justas órdenes de los superiores resiste a Dios.
Obsequio. Para avanzar como Santa Rita en la virtud y en la santidad, acoge, alma devota, sin dudar, con prontitud y alegría, todo deseo que nos es propuesto por Dios.
Jaculatoria. De Dios al querer siempre obediente, hacer el corazón, y hacer la mente.
CUARTO JUEVES – VIDA DE FAMILIA.
En la vida de familia, Rita se encontró expuesta a las más duras pruebas: el marido, de índole áspera y colérica, le era ocasión de dolores, y no evitaba incluso maltratarla: debía la Santa experimentar todos los ímpetus de un carácter que, abandonándose a la ira, realizaba todo movimiento, y sobre la inocente esposa hacía recaer toda la furia de su estado.
Pero nuestra Santa se había formado en la escuela de Jesús: respondía a la aspereza con amor; con acentos de dulzura aplacaba las palabras de cólera; ponía todo cuidado no solo en cumplir la voluntad del marido, sino –donde podía– prevenía las intenciones: sus armas con que superaba las dificultades de la vida conyugal no eran los lamentos inútiles, sino la paciencia y la resignación, que ahora con su ferviente piedad hacia Dios, con la práctica de la religión y con el ejercicio de la caridad hacia el prójimo le atraía bendiciones celestiales sobre sí y sobre la familia.
Virtud: la paciencia. Considera, oh alma cristiana, la necesidad de la paciencia. En las adversidades, en las contrariedades que te vengan de los hombres, no mires al hombre, antes mira la mano de Dios que te quiere probar, que quiere experimentar tu fidelidad. Cuanto más dispuesta estés a padecer sin lamento, tanto más procederás sabiamente y más merecerás; la victoria está prometida a los pacientes, la paz es el premio de quien sabe recibir de Dios tods adversidad como manifestación de la voluntad de Dios, que siempre es un Padre para nosotros.
Obsequio. Para honrar la virtud de Santa Rita, tanto en las cosas prósperas como en las adversas, digamos siempre: bendito sea Dios.
Jaculatoria. Haz que a Dios sirva con diligencia, con vivo afecto, y con gran paciencia.
QUINTO JUEVES – ASESINATO DEL MARIDO DE SANTA RITA.
La vida conyugal de Rita debía concluir con un duro final de sangre: el marido fue muerto por algunos de sus enemigos. Imagine cada uno el pesar de nuestra Santa: es siempre dolorosa la muerte, pero ¡cuánto más si violenta, sorprende de improviso al hombre, y lo hace caer víctima del odio más feroz! En esta luctuosa ocasión se mostró toda la virtud de Rita: afligida en lo más profundo de su alma, con el corazón hecho pedazos, soportó sin rebelión el duro golpe y frente a los verdugos de su marido no tuvo sino un sentimiento de conmiseración y de perdón.
Ahora, dándose cuenta que en sus jóvenes hijos crecía con los años el deseo de venganza, antes que verlos manchados por esta culpa si no se corregían, hizo a Dios el sacrificio más grande que un corazón humano pueda hacer: la madre que pide la muerte temporal sus hijos para salvarlos de la muerte eterna. Dios la escuchó y fue una nueva prueba de la cristiana fortaleza de la Santa.
Virtud: perdonar las ofensas. ¡Cuál escuela para ti, oh alma devota! También tú sientes frecuentemente las ofensas y la injuria de los hombres, pero ¿cómo respondes? ¿Perdonando o nutriendo en el corazón aversión y odio? Jesucristo desde la cruz ha orado por sus enemigos: tras su ejemplo todos los Santos han repetido el acento del perdón.
Obsequio. Jesucristo nos dice: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Matt. 5, 44). Por ende, como obsequio a Nuestro Señor Jesucristo, y a ejemplo de Santa Rita perdonemos y hagamos bien a los enemigos.
Jaculatoria. Hacedme, oh buen Dios, que perdonar pueda siempre las ofensas también.
SEXTO JUEVES – SANTA RITA EN EL MONASTERIO
Habiendo quedado libre y sola, Rita resolvió darse más enteramente a Dios, entrando en una Orden religiosa. Por ello pidió ser admitida entre las monjas agustinas de Casia; pero estas le negaron la entrada al piadoso recinto, pues no acostumbraban recibir sino a vírgenes. Rita no se desanimó: redobló sus oraciones y repitió por tres veces la petición, pero en vano.
Sin embargo, cuando toda esperanza parecía perdida, intervino el auxilio divino: una noche, mientras Rita oraba, se sintió llamada por una voz celestial, y guiada por su protector San Juan Bautista y por los Santos Agustín y Nicolás de Tolentino, fue introducida milagrosamente en el monasterio.
Las religiosas, al encontrarla por la mañana, conmovidas ante el prodigio, no pudieron sino dar gracias a Dios por haberles concedido como compañera a aquella que, llena de toda virtud, era objeto de las complacencias divinas. Esto acontecía hacia el año 1420, cerca del cuadragésimo año de su vida.
Virtud: la perseverancia. A ti, oh cristiano, se te propone y manda la perseverancia como corona de las buenas obras. ¡Cuántos comienzan con ardor el bien, se entregan a fervorosas oraciones y hacen concebir grandes esperanzas! Pero en ellos la virtud no echa raíces firmes, y pronto vuelven a la vida tibia y baja, llena de preocupaciones y deseos carnales: les falta la perseverancia, y así pierden el fruto de sus buenas obras, haciendo inútiles tantos esfuerzos generosos. Recobra, pues, oh cristiano, tus fuerzas, y reanima tu confianza: en los abandonos, en los rechazos, en los dolores, ama siempre y espera; recuerda que la perseverancia es el bálsamo que conserva y defiende las buenas obras.
Obsequio. «El que persevere hasta el fin, ese será salvo» (Mt. 10, 22). Si, pues, no somos escuchados de inmediato, confiemos más en Dios y en la virtud de los santos, proponiéndonos imitar a Santa Rita.
Jaculatoria. Del celo vuestro, Señor amante, hacedme en el bien perseverante.
SÉPTIMO JUEVES – SANTA RITA, EJEMPLO DE OBSERVANCIA RELIGIOSA
Apenas ingresó Santa Rita entre las religiosas de Casia, sus virtudes brillaron admirablemente ante los ojos de todas sus hermanas. Admitida a profesar bajo la regla del glorioso Patriarca San Agustín, fue ejemplo perfecto de observancia: no transgredió ninguna de las reglas, sino que todas las abrazó y cumplió con amorosa fidelidad.
Los mandatos de los superiores los recibía como expresión de la voluntad divina, y ni siquiera de lejos consideró sustraerse a lo que se imponía a la comunidad para seguir sus propios deseos, aún cuandoestos pudieran parecer justos y buenos. Fue, en una palabra, viva expresión de la regla: en ella se admiraba su cumplimiento pleno y perfecto.
Virtud: fidelidad a los deberes del propio estado. Toda virtud que admiramos en los santos es una enseñanza preciosa para el cristiano. Aprende tú, alma fiel, de la fidelidad de Santa Rita a ordenar tu vida. Sea cual sea tu estado, tienes deberes: deberes que algunos consideran pesados, pero que el cristiano debe ver como medios de santificación. Sí, padres e hijos, superiores y súbditos, deben recordar que el más pequeño acto, el más mínimo deber, aun los que parecen indiferentes, tienen gran valor espiritual y son escalera para subir al cielo, si se realizan con espíritu cristiano.
Obsequio. Cada mañana ofrece a Dios las acciones del día, rezando con devoción las oraciones de la mañana, y repite durante el día esta ofrenda.
Jaculatoria. Sé lo que agrada a mi Señor; quiero cumplirlo de corazón.
OCTAVO JUEVES – SANTA RITA, AMANTE DEL CRUCIFICADO
Contemplar los dolores del Señor Crucificado y el ardiente deseo de experimentar parte de las angustias de su Pasión fueron un estímulo constante y una fuente de sanación para Santa Rita. A los pies de Jesús traspasado en la cruz, derramaba las fervientes aspiraciones de su corazón, sedienta de sufrimiento; allí derramaba lágrimas por los pecados de los hombres y pedía su perdón, invocando sobre sí misma el castigo por los pecados ajenos. En este devoto ejercicio, su fervor se intensificaba. Sus lágrimas y sus deseos eran recibidos en el cielo; un día, mientras oraba con fervor, una espina se desprendió de la imagen del Crucifijo y se clavó profundamente en la frente de Santa Rita; el dolor la hizo desmayarse; al recobrar el conocimiento, descubrió una herida purulenta que le causaba amargos dolores y que durante muchos años la mantuvo unida a Jesucristo, el Rey de los Dolores.
Virtud: el sufrimiento. ¡Oh cristiano, reúnete y medita en la austera palabra que te llega del Crucifijo! Debes ser miembro del cuerpo de Cristo; por lo tanto, no te conviene regocijarte mientras tu Dios es traspasado y sufre. ¿Has comprendido la sublime grandeza del dolor y la enfermedad? Sí, son las tribulaciones las que nos separan de la tierra y de sus bienes fugaces, perecederos y corruptibles; son las tribulaciones las que nos aseguran que no tenemos aquí nuestra ciudad permanente, sino que buscamos una futura, libre de preocupaciones.
Obsequio. Haz alguna penitencia corporal. Si estás afligido, ruega al santo que te conceda la resignación de Dios, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones. (II Cor. 4, 7).
Jaculatoria. Jesús bueno, por mí doliente, haz que aprenda a ser paciente.
NOVENO JUEVES – VIDA OCULTA DE SANTA RITA
La santa heroína de Casia, inflamada por el deseo de reunirse con su Dios, no encontraba mayor gozo que el silencio y la soledad. Si la caridad, la obediencia o la devoción la llamaban a veces al contacto con el mundo, no se negaba a abandonar su celda. Pero tan pronto como quedaba libre, regresaba a su retiro, y allí, abandonándose a los anhelos de su corazón, lejos del ruido y el bullicio del mundo, anticipaba las alegrías del Cielo y se reafirmaba cada vez más en su resolución de no preocuparse por lo que el mundo ofrece, y de valorar únicamente los bienes espirituales y eternos.
Virtud: recogimiento. Oh alma cristiana, aquí tienes una lección, aunque te encuentres inmersa en mil ocupaciones. Muchos creen que el retiro espiritual es solo para los religiosos: no, debería ser común a todo cristiano. Habrá diferentes grados: algunos deberán dedicar más tiempo a las ocupaciones y conversaciones externas, otros menos; pero todos deben desear y esforzarse por reflexionar de vez en cuando, meditando sobre sus deberes, sobre sus defectos para corregirlos, sobre las virtudes para alcanzarlas.
Hay cristianos que se quejan de no tener tiempo para la oración, para las buenas obras: si fueran más propensos al retiro espiritual, aún encontrarían tiempo para atender a los deberes familiares y las obras de caridad, que a menudo se descuidan; se pierden porque el corazón, sediento de placeres mundanos, lo sacrifica todo por esos placeres.
Obsequio. A menos que la necesidad o el deber te obligue a salir de casa, permanece hoy en casa, recogido, dedicando tu tiempo a la consideración de las cosas celestiales, como desea el Apóstol: nuestra ciudadanía está en los Cielos. (Fil. 3,20).
Jaculatoria. Haz, Señor, que nuestra vida sea un continuo trato contigo.
DÉCIMO JUEVES – SANTA RITA, ENCENDIDA EN AMOR DIVINO
El amor a Dios reinó suprema e innegablemente a lo largo de la vida de Santa Rita. La caridad, la virtud que nos mantiene unidos y vivos en Dios —que es la Caridad— inspiró cada pensamiento, cada deseo, cada latido de nuestra santa. Para vivificar su alma en el amor a Dios, Rita se flageló y mortificó el cuerpo; para unirse cada vez más íntimamente a Dios, a quien amaba, se esforzó día tras día, con renovada energía, por alcanzar las virtudes más elevadas y sublimes. La caridad se manifestó en sus ardientes aspiraciones, en sus largas y continuas oraciones, en su incansable meditación sobre la Bondad Divina.
Rita bien podría repetir que la caridad de Cristo la impulsaba y la animaba: anhelaba el momento dichoso en que, liberada de las ataduras de la carne, pudiera abandonarse por completo al amor de Dios, sumergirse totalmente en ese océano resplandeciente de llama eterna, que trae dicha a las almas elegidas.
Virtud: Caridad hacia Dios. Sabes, alma piadosa, que la caridad hacia Dios es el primer y más grande mandamiento de la ley divina. Por lo tanto, reúnete en tu interior y medita en este precepto con profunda atención.
A Dios, el bien supremo e infinito, le debemos nuestro amor más ferviente: debemos amarlo porque Él es nuestro Creador y Redentor. Si tu corazón aún no se ha encendido con las llamas del amor divino, ¡no tardes más! Entrégate a tu Padre celestial y sentirás cuán dulce es Dios para quienes lo aman.
Obsequio. Repite el acto de caridad tres veces al día, meditando en lo que dice el apóstol San Pablo: Si hablo en lenguas humanas y angélicas... y si conozco todo el conocimiento humano... y si reparto todos mis bienes entre los pobres, sin caridad, de nada me aprovecha. (1 Cor. 3, 1).
Jaculatoria. Oh Dios mío, de tu amor santo, enciende en mí este pobre corazón.
UNDÉCIMO JUEVES – SANTA RITA Y EL PRÓJIMO
Ardiendo de amor divino, Santa Rita cultivó vívidamente en su corazón ese amor inseparable del primero: el amor al prójimo. Toda su vida nos muestra un cuidado y una vigilancia constantes para ayudar a los demás por todos los medios, sin distinción, ya fueran familiares o extraños, benevolentes o malintencionados. En vida, dio generosamente de sus escasos recursos a los pobres; y la limosna fue siempre un valor que cultivó y atesoró. El amor al prójimo la llevó a perdonar generosamente a los asesinos de su esposo; impulsada por la caridad, se dedicó incansablemente a la corrección de los vicios; oraba sin cesar a Dios para que perdonara y convirtiera a los pecadores; para todos tenía palabras de amonestación, consuelo e instrucción eficaz.
Ni una sola persona desafortunada se marchó sin haber recibido una muestra de su amor: no escatimó esfuerzos, con tal de ser benevolente con los demás. Verdaderamente se entregó por completo a todos, para ganar a todos para Cristo.
Virtud: caridad hacia el prójimo. El precepto de amar al prójimo como a uno mismo fue proclamado por Nuestro Señor como similar al primero y más importante: el de amar a Dios. Tú, oh cristiano, no lo ignoras; ¿acaso has cumplido y sigues cumpliendo este precepto, que, junto con el primero, abarca toda la ley? ¡Ay! ¡Cuántas veces has traspasado a Jesucristo en sus miembros! ¡Cuántas veces has olvidado que los pobres, los desafortunados, los culpables eran tus hermanos! ¡Cuántas veces solo has buscado tu propio placer, tu propia comodidad, tu propio beneficio temporal, pisoteando y despreciando un alma redimida por su Sangre Divina!
Obsequio. Hoy, realiza alguna obra de caridad, tanto espiritual como corporal, pues quien ama a su prójimo cumple la ley (Rom 13,8). Imitando a Santa Rita, procura extinguir en ti toda aversión hacia los demás.
Jaculatoria. Señor, que arda en mí siempre el amor sincero al prójimo.
DUODÉCIMO JUEVES – SANTA RITA PENITENTE
Se puede decir que Santa Rita de Casia dedicó su vida a la penitencia constante. Sus facultades, sentidos, mente, voluntad, todo su cuerpo y toda su alma fueron clavados en la cruz con Cristo, quien agonizaba por la humanidad, propiciador de nuestros pecados, nuestro ejemplo y maestro.
Santa Rita no creía correcto buscar ni por un instante los placeres terrenales: sus delicias se encontraban en otro lugar, en el cielo, y para alcanzarlas ninguna privación le parecía imposible ni difícil.
Ofreció sus deseos a Dios, reprimió sus sentidos con severa moderación, y con prolongadas penitencias, severas flagelaciones y cilicios, domó el espíritu repugnante a la ley divina que habita en todo ser humano, hijo del pecado y de la culpa. Fue la mortificación la que mantuvo la fragancia de sus virtudes; con una lucha ardua e incesante, siempre dirigida a repeler las trampas de la carne y del demonio, logró preservar inmaculada la flor escogida de toda bondad.
Virtud: mortificación. La mortificación también es necesaria para ti, alma cristiana. No te dejes engañar por los argumentos falaces de quienes pretenden hacerte creer que el hombre debe satisfacer siempre todos sus deseos, y así reprender e insultar la religión cristiana por predicar e inculcar la penitencia.
Mortifícate, pues, viviendo con sobriedad, justicia y piedad, rechazando todo deseo mundano y de los sentidos, y manteniendo la mirada fija en la bienaventurada esperanza del reino de Dios.
Obsequio. Si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis (Rom 8,13). Por lo tanto, por amor a Dios, en homenaje a Santa Rita, practicad alguna mortificación.
Jaculatoria. Con espíritu mortificado, hazme, Señor, siempre grato a Ti.
DÉCIMOTERCER JUEVES – SANTA RITA Y EL MUNDO
Desde el momento en que empezó a comprender sus deberes, es decir, desde su más tierna infancia hasta su último aliento, Santa Rita mostró, con una luz clara que se hacía más deslumbrante día a día, desprecio por todos los bienes terrenales. Cada una de sus palabras, cada una de sus acciones, repetía: «No he sido hecha para la tierra, sino para el cielo; ¿cómo podría, pues, buscar y amar los bienes del mundo?». No mostró apego alguno a tales bienes mientras aún vivía en el ámbito secular; de hecho, se privó con alegría de todo lo que no era necesario para su familia y se reservó para sí misma solo lo indispensable. Dio una muestra más clara de ello al entrar en el claustro, renunciando a toda facultad e incluso a la posibilidad de poseerlas, no solo en la realidad, sino también en el afecto. Su corazón jamás se apegó a los bienes terrenales, ninguno de sus sentimientos estuvo jamás encadenado a ninguna posesión.
Virtud: desapego de los bienes terrenos. Oh alma cristiana, tú también, que vives en el mundo, estás obligada a desapegarte de sus bienes. La religión no te exige que te desprendas de los bienes terrenales; sin embargo, te advierte que conllevan un peligro mortal. Para evitar este peligro, procura considerarlos como un don divino, del cual deberás rendir cuentas: las riquezas y los bienes terrenales no deben servirte para cometer el mal con mayor facilidad, sino como una oportunidad para la virtud. Siempre que no puedas lograr algo sin ofender la justicia, la piedad o la religión, recuerda que los únicos bienes verdaderos son los eternos.
Obsequio. Demuestra que no estás demasiado apegado a los bienes materiales. Por amor a Dios y a Santa Rita, deshazte de algunos de tus deseos y dedícalo a obras de caridad.
Jaculatoria. Con los ojos siempre al cielo, pueda servir a Dios con celo.
DÉCIMOCUARTO JUEVES – SANTA RITA, ENRIQUECIDA DE DONES CELESTIALES
En Santa Rita admiramos, en una sucesión ininterrumpida, milagros y gracias extraordinarias. El Señor, siempre admirable en sus santos, eligió favorecer a esta amada sierva con abundantes dones sobrenaturales. El enjambre blanco de abejas que entraba y salía de la boca de Santa Rita en la cuna, su ingreso en el monasterio, la espina que la alcanzó desde la imagen del Crucifijo, el conocimiento del futuro y de las cosas ausentes y distantes, el don de la curación: todo esto nos recuerda solo una pequeña parte de las gracias extraordinarias que adornaron a nuestra santa. Y el don de los milagros permaneció siempre vivo, y creció después de la muerte de Santa Rita; los siglos transcurridos solo sirvieron para darlo a conocer mejor, para que la gente acudiera a ella con ferviente confianza y en mayor número, y la grandeza de sus milagros los impulsó a llamar a la heroína de Casia la santa de lo imposible.
Virtud: confianza en Dios. Los dones celestiales deben reavivar tu confianza en Dios, oh cristiano. Cualesquiera que sean las dificultades en las que te encuentres, por muy fuerte que sea la tormenta, por mucho que tus enemigos y las adversidades naturales te hagan sufrir, no te desanimes; reaviva tu caridad, busca a Dios y encontrarás consuelo.
Cuando nuestras fuerzas flaqueen, abandonémonos con confianza en los brazos del Redentor y asegurémosle con plena seguridad que nada podrá separarnos de Él, ni la muerte ni la vida, ni lo de arriba ni lo de abajo, ni el presente ni el futuro, ni ninguna otra criatura.
Obsequio. «Bendito es el hombre que confía en el Señor» (Jer. 17, 7). Si, pues, te asalta alguna preocupación grave, di: «En ti he esperado, oh Señor, y no seré confundido eternamente».
Jaculatoria. Solo en Dios confiaré, no en mí ni en las criaturas.
DÉCIMOQUINTO JUEVES – MUERTE DE SANTA RITA.
El 22 de Mayo de 1457 a la edad de 76 años, después de una enfermedad en la que de parte de la Santa sólo había paciencia y deseo de poder volar al Cielo, libre de las ataduras del cuerpo, pareció al Señor que la generosidad amorosa de otorgar regalos había crecido y gracias, Santa Rita se estaba muriendo.
Su tránsito estuvo marcado por la certeza de que fue inmediatamente recogida en el regazo de Dios; la dulce paz de la Santa estuvo acompañada de milagros, de visiones de su gloria, y su cuerpo pareció rejuvenecerse, revestirse de aquella incorruptibilidad con que el Señor lo conservó durante siglos y puso en evidencia la sublime santidad del alma que Él había informado y que ahora cantaba con los bienaventurados ciudadanos las perennes alabanzas del Todopoderoso, que hace bienaventurados a sus elegidos con la visión de sí mismo.
Virtud: Deseo del Cielo. Sí, después de la muerte hay descanso, es felicidad; a este descanso y felicidad debemos aspirar de todo corazón. ¡Oh, qué pequeñas y mezquinas se vuelven las cosas terrenales cuando uno mira al Cielo! ¡Cómo se desvanecen las penas y las penas, las alegrías y las risas del mundo en presencia de esa felicidad eterna que Dios nos ha preparado! Oh alma que sufres por las muchas miserias de la vida, levántate. Muy arriba, más allá de las estrellas, está tu patria: no la olvides ni por un momento. Que el deseo del Cielo te agite, te mueva a la confianza en el Señor y le pidas siempre, que después del trabajo y de la prueba de la tierra te conceda el descanso del Vielo; este deseo, esta oración tendrá que hacerte mejor, hacerte náusea de todo lo bajo y vil, y hacerte amar sólo el bien y la virtud.
Obsequio. Repite a menudo: «Fui hecho para el Cielo y no para la tierra». Pídele a Santa Rita que ofrezca a Dios por tu felicidad lo que has esperado en esta devoción de los 15 jueves.
Jaculatoria. ¡Ay! Que vaya yo un día al Cielo también, para dar perenne alabanza a mi Dios.

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