Ante la nota doctrinal Mater Populi Fidelis

 Ante la nota doctrinal Mater Populi Fidelis.


La Virgen María es Corredentora. Esta es una Verdad creída por todos los fieles cristianos, siempre y en todas partes. Ella cooperó íntima y particularmente a la Obra Redentora de Nuestro Señor Jesucristo. Pero no es nuestra intención dar grandes justificaciones, o mejor, demostraciones teológicas. Nuestro propósito es exponer la razón del rechazo de esta Verdad por parte de las Autoridades Romanas.

Stabant autem juxta crucem Jesu Mater ejus”. En el momento de la Redención, Ella estaba. Permanecía de pie, contemplando a su Hijo, que era entonces Varón de Dolores. Asistía a la Primera Misa, asistía a la Cruz y ofrecía el Fruto de su Vientre al Eterno Padre por el perdón de los pecados. María pudo haber reclamado justicia, pudo oponerse a la sentencia de Pilatos, pudo defender la inocencia del Cordero de Dios, pero no lo hizo, no usó su derecho como Madre de defender, custodiar y conservar a su Hijo, sino que lo entregó a la Sentencia venida del Cielo y que lo haría beber tan amargo Cáliz por la redención de los hombres.

De esta manera, Ella aceptó que ese Cáliz era la Voluntad del Padre, que “para liberar al esclavo, entregó al Hijo”. Así, Ella ofreció a su Hijo como Víctima ante la Divina Justicia en sintonía de dolor y de voluntad. María, como Madre Dolorosa que entrega a su Hijo a la Cruz, fue unida por Dios como Madre del Crucificado; por tanto, es verdadera Corredentora.

Ahora bien, María es Corredentora por la Cruz, esa Cruz que es “escarnio para los judíos y locura para los griegos”, sólo por la Cruz es posible explicar la Corredención. Y he aquí el problema para el hombre contemporáneo y la razón del rechazo modernista.

Tras el Concilio Vaticano II, los hombres de Iglesia han venido predicando un cristo sin Cruz, una misa sin Sacrificio, una santidad sin penitencia. Si bien es cierto que la naturaleza humana herida por el pecado original huye de cualquier sufrimiento, nunca antes los funcionarios eclesiásticos habían quitado el Crucifijo. Esto se ha hecho en la Iglesia actual, ya no se predica la conversión, la penitencia, el sacrificio ni la Cruz.

Y si se quita el Crucifijo, es imposible comprender por qué la Virgen Madre estaba. Ya no tiene sentido su dolor, la entrega de su Hijo, su permanencia; ya no tiene sentido la Corredención.

Es menester entonces volver a levantar el Crucifijo en alto, abrazar la Cruz de la negación de sí mismo, la mortificación de la voluntad, el sacrificio del deber. Los cristianos, hijos de la Madre Corredentora, estamos llamados a la corredención que, aunque la de Ella es única por su Maternidad Divina y su Inmaculada Concepción, implica dolor, implica que una espada atraviese el alma.

Así, después de elevar el Crucifijo abrazando la Cruz, Él podrá “atraer a todos hacia sí”, y podrán volver a comprender a la Madre dolorosa que junto a la Cruz, fue hecha por Dios Corredentora.

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